Si alguna vez se escribe un manual sobre lo que no debe realizarse en un proceso penal, el terrible crimen de Rita Juárez debe ocupar la mayoría de los capítulos.
Pasaron 5.194 días del hecho. La causa estuvo seis años en una fiscalía de Instrucción y ocho más en la oficina de una Cámara Penal. Se celebró un juicio en 2008, pero se suspendió por una discusión estéril entre un juez y un defensor. En este tiempo, murió uno de los principales acusados, Juan Santillán, y también una testigo clave. Para colmo, los restos biológicos que había en la escena del hecho se han degradado. Así, la ilusión de Selva Orellana de conocer el nombre de todos los homicidas de Rita será siempre eso: sólo una ilusión. No es responsabilidad de este tribunal, que tuvo que deliberar cinco horas para arribar a un fallo unánime. Pero la gravedad del caso no merecía este tratamiento.